El ejercicio físico en personas con discapacidad

 

Las personas con discapacidad, necesitan entrenar fuerza, resistencia, movilidad, igual que el resto de la población. El entrenamiento, debe adaptarse a sus capacidades, necesidades y objetivos.

El ejercicio físico no sustituye al tratamiento médico, la fisioterapia o la rehabilitación cuando son necesarios. Sin embargo, cuando el objetivo es mejorar capacidades físicas, hablamos de entrenamiento.

Y ese entrenamiento debe ser planificado por profesionales preparados para valorar a la persona, adaptar las tareas, dosificar las cargas y progresar con criterio.

En Fit Inclusive trabajamos desde una idea clara:

Valorar. Adaptar. Progresar.

¿Por qué es importante el ejercicio en personas con discapacidad?

El ejercicio físico puede mejorar la salud, la capacidad física, la autonomía y la calidad de vida de las personas con discapacidad.

Un programa bien planificado permite desarrollar fuerza, resistencia cardiovascular, movilidad, equilibrio y control postural. También ayuda a reducir las consecuencias del sedentarismo y facilita la participación en actividades de la vida diaria.

La discapacidad no determina por sí sola qué ejercicio puede hacer una persona. Para tomar buenas decisiones debemos conocer sus capacidades, limitaciones, objetivos y respuesta al esfuerzo

Ejercicio físico no es lo mismo que rehabilitación

Una persona puede necesitar tratamiento médico o fisioterapia y, al mismo tiempo, entrenamiento físico. Son ámbitos diferentes y complementarios.

La rehabilitación puede centrarse en tratar una lesión, recuperar una función o abordar una necesidad clínica. El entrenamiento busca mejorar capacidades físicas mediante estímulos planificados, dosificados y progresivos.

Diferenciar ambos ámbitos evita confusiones y permite que cada profesional actúe dentro de sus competencias.

¿Quién debe entrenar a una persona con discapacidad?

Cuando el objetivo es entrenar fuerza, resistencia, movilidad, equilibrio u otras capacidades físicas, el programa debe estar dirigido por profesionales del ejercicio.

Además de su formación de base, trabajar con personas con discapacidad requiere conocimientos específicos sobre valoración funcional, adaptación de tareas, dosificación de cargas, control del esfuerzo y progresión.

No basta con conocer muchos ejercicios. Hay que saber por qué elegirlos, cómo adaptarlos y cuándo progresarlos.

¿Qué debemos valorar antes de elegir ejercicios?

  • movilidad;
  • fuerza;
  • calidad de vida;
  • fitness cardiovascular;
  • equilibrio;
  • coordinación;
  • resistencia muscular;
  • agilidad

La valoración no sirve para etiquetar a la persona, sino para tomar mejores decisiones. Debemos utilizar pruebas adecuadas para cada población y seleccionar únicamente aquellas que aporten información útil para programar el entrenamiento.

 

 

¿Cómo adaptar un ejercicio para una persona con discapacidad?

Adaptar un ejercicio no significa necesariamente hacerlo más fácil. Significa modificarlo para que la persona pueda realizarlo de forma segura, eficaz y con un estímulo suficiente para progresar.

Podemos adaptar:

  • la posición de partida;
  • los puntos de apoyo;
  • el nivel de estabilidad;
  • el material utilizado;
  • el tipo de agarre;
  • el rango de movimiento;
  • la carga;
  • la velocidad;
  • el número de repeticiones;
  • la duración del esfuerzo;
  • los tiempos de recuperación;
  • las instrucciones y el feedback.

Por ejemplo, una persona puede realizar un ejercicio sentada en lugar de hacerlo de pie, utilizar un apoyo adicional o trabajar con un rango de movimiento diferente. Pero la adaptación debe responder a una necesidad concreta, no aplicarse automáticamente por el hecho de existir una discapacidad.

Adaptar no es eliminar el esfuerzo. Es encontrar la mejor manera de producirlo.

Puedes consultar cómo adaptar ejercicios para personas con discapacidad.

Entrenamiento de fuerza y discapacidad

La fuerza es una capacidad fundamental para la salud, la autonomía y la realización de actividades de la vida diaria.

El entrenamiento de fuerza puede ayudar a mejorar los desplazamientos, las transferencias, el manejo de la silla de ruedas, el control postural y la capacidad para superar tareas cotidianas. También puede reducir las consecuencias del sedentarismo y facilitar la práctica de otras actividades físicas.

La selección de ejercicios dependerá de las capacidades de la persona. Podemos utilizar máquinas, pesos libres, bandas elásticas, poleas, autocargas o materiales adaptados.

Lo importante no es utilizar un material concreto, sino elegir una tarea que permita aplicar una carga adecuada, controlar su ejecución y progresar con el tiempo.

Consulta ejemplos específicos de ejercicios de fuerza para personas con paraplejia y de entrenamiento de fuerza en parálisis cerebral.

Entrenamiento cardiovascular

Las personas con discapacidad también necesitan entrenar su capacidad cardiovascular. Y es una parte clave en su salud.

El trabajo cardiovascular puede realizarse mediante desplazamientos, ergómetros, bicicletas adaptadas, circuitos, ejercicios con los brazos, intervalos o combinaciones de tareas de fuerza y resistencia.

No todo el entrenamiento debe ser suave. La intensidad debe individualizarse, pero tiene que existir un estímulo suficiente para provocar adaptaciones.

La duración, la frecuencia, los descansos y la intensidad deben ajustarse a cada persona. Cuando no podemos utilizar referencias convencionales, podemos controlar el esfuerzo mediante la percepción subjetiva, la tolerancia a la tarea y otras respuestas observables.

Puedes ver un ejemplo de entrenamiento cardiovascular en silla mediante intervalos y un contenido específico sobre resistencia en personas con paraplejia.

Core y control postural

El entrenamiento del core no consiste únicamente en hacer ejercicios abdominales. Su objetivo es mejorar la capacidad para controlar el tronco, mantener una posición, reaccionar ante desequilibrios y transmitir fuerzas entre distintas partes del cuerpo.

En personas con discapacidad, el control postural puede influir en las transferencias, los alcances, el manejo de objetos, la propulsión de la silla y las desviaciones de columna.

La tarea debe adaptarse al nivel de control de la persona. Podemos modificar los apoyos, reducir o aumentar la estabilidad, cambiar la posición de los brazos, incorporar alcances o añadir resistencias.

En el artículo sobre ejercicios de core para personas con lesión medular encontrarás ejemplos de estabilidad de tronco adaptados a paraplejia y tetraplejia.

La intensidad también debe adaptarse

Un ejercicio puede estar bien elegido y, sin embargo, producir pocos resultados si la dosis no es adecuada.

Para programar el entrenamiento debemos decidir:

  • cuánta carga utilizar;
  • cuántas repeticiones realizar;
  • cuánto debe durar el esfuerzo;
  • cuánto tiempo necesita la persona para recuperarse;
  • con qué frecuencia entrenará;
  • cómo aumentaremos progresivamente la dificultad.

La seguridad no consiste en mantener siempre una intensidad baja. Consiste en conocer a la persona, controlar su respuesta y aplicar el estímulo adecuado.

Seguro no significa suave. Significa bien valorado, bien dosificado y bien supervisado.

Adaptar es el comienzo; después hay que progresar

Conseguir que una persona pueda realizar un ejercicio no es el final del proceso. Si el ejercicio no evoluciona, llegará un momento en que dejará de producir adaptaciones.

Podemos progresar aumentando la carga, el rango de movimiento, la velocidad, la duración, la precisión o la complejidad.

La progresión debe responder a la evolución de la persona. No se trata de hacer el ejercicio más difícil porque sí, sino de aumentar la exigencia cuando existe capacidad para hacerlo.

Por eso nuestro método sigue siempre el mismo orden:

Valorar. Adaptar. Progresar.

¿Eres profesional del ejercicio?

Saber muchos ejercicios no es suficiente. Para trabajar con personas con discapacidad necesitas aprender a valorar, adaptar, dosificar y progresar el entrenamiento.

En nuestra formación de Especialista en Ejercicio para Personas con Discapacidad aprenderás a tomar decisiones con criterio y a aplicar el método en situaciones reales.

Conoce la formación para profesionales

 

Entrenar a la persona, no al diagnóstico

Dos personas con el mismo diagnóstico pueden tener capacidades, necesidades y objetivos completamente diferentes.

Por eso no debemos elegir ejercicios únicamente a partir del nombre de una discapacidad. Debemos conocer a la persona, valorar qué puede hacer, identificar qué necesita mejorar y construir el entrenamiento desde ahí.

La inclusión no consiste en permitir que alguien participe sin más. Consiste en ofrecerle un entrenamiento exigente, individualizado y con posibilidades reales de progresión.

Valorar. Adaptar. Progresar.