Cómo adaptar ejercicios para personas con discapacidad
Adaptar un ejercicio consiste en modificar la tarea para que una persona pueda realizarla de forma segura, eficaz y con un estímulo suficiente para mejorar.
No significa convertir automáticamente el ejercicio en algo fácil. Tampoco consiste en aplicar siempre las mismas modificaciones a todas las personas con un determinado diagnóstico.
Para adaptar correctamente debemos conocer qué capacidad queremos entrenar, qué dificultades encuentra la persona y qué elementos del ejercicio podemos modificar sin perder su objetivo.
El proceso debe seguir este orden:
Valorar. Adaptar. Progresar.
Si quieres comprender el contexto general, consulta nuestra guía sobre ejercicio físico y discapacidad.
Valorar antes de adaptar
La adaptación comienza con una valoración.
Antes de prescribir cualquier ejercicio o cualquier cambio en el entrenamiento, debemos valorar. Hay que conocer, entre otras cualidades, los niveles de:
- movilidad;
- fuerza;
- equilibrio;
- coordinación;
- resistencia;
- potencia;
- agilidad;
- capacidad para comprender las instrucciones;
- objetivos y experiencia previa.
También debemos conocer el entorno, el material disponible y las ayudas que utiliza la persona.
La valoración nos permite identificar qué limita la ejecución y qué elementos deben mantenerse para que el ejercicio continúe siendo útil.
Mantener el objetivo del ejercicio
Antes de adaptar debemos responder a una pregunta:
¿Qué queremos entrenar con esta tarea?
Si el objetivo es mejorar fuerza, la adaptación debe permitir aplicar una resistencia suficiente. Si queremos entrenar equilibrio, no debemos proporcionar tantos apoyos que desaparezca completamente el reto de estabilidad.
Una adaptación es adecuada cuando facilita el acceso al ejercicio sin eliminar el estímulo que buscamos.
Modificar la posición
Cambiar la posición puede permitir que la persona realice el ejercicio con mayor control y seguridad, y que el objetivo no cambie.
Podemos pasar:
- de pie a sentado;
- de sentado sin respaldo a sentado con apoyo;
- del suelo a un banco;
- de una posición simétrica a otra adaptada;
- de una posición inestable a otra más estable.
La posición seleccionada dependerá del objetivo. Realizar un ejercicio sentado puede ser una buena adaptación, pero no debe convertirse en la opción automática para todas las personas con discapacidad, ya que les podemos perjudicar más que ayudarlos.
Modificar los apoyos y la estabilidad
Los apoyos influyen directamente en la dificultad.
Si queremos realizar un trabajo de estabilidad central y equilibrio buscaremos una posición que provoque un estímulo suficiente, pero que le permita realizar el ejercicio (que no se desestabilice a cada repetición). En cambio, si vamos a trabajar fuerza, esa persona no debe tener inestabilidad, debe ser capaz de ejecutar la fuerza de manera segura y estable, si no, iremos en contra del objetivo principal.
Un apoyo debe facilitar la ejecución, no sustituir completamente el esfuerzo de la persona.
Adaptar el agarre y el material
Las dificultades de agarre no deberían impedir el entrenamiento de fuerza.
Podemos utilizar:
- correas;
- muñequeras;
- agarres engrosados;
- bandas elásticas;
- poleas;
- máquinas;
- mancuernas adaptadas;
- balones;
- kettlebell;
- ayudas técnicas específicas.
La elección dependerá de la capacidad de la persona y del tipo de fuerza que queremos aplicar.
En nuestro contenido sobre guantes y ayudas para personas con dificultad de agarre encontrarás algunos ejemplos de materiales.
Modificar el rango de movimiento
No todas las personas pueden o necesitan utilizar inicialmente el mismo rango de movimiento.
Podemos:
- reducir el recorrido;
- comenzar desde una posición diferente;
- limitar una zona dolorosa;
- utilizar una ayuda durante parte del movimiento;
- aumentar progresivamente el rango;
- trabajar únicamente en la zona que la persona controla.
Reducir el recorrido puede ser una adaptación inicial. Cuando sea posible, debemos valorar si puede progresarse hacia un rango mayor.
Adaptar la carga
La carga debe responder a la capacidad de la persona y al objetivo del entrenamiento.
Podemos modificar:
- la velocidad de ejecución;
- el peso;
- la dureza de las bandas;
- la resistencia de una máquina;
- la posición de la carga;
- el brazo de palanca;
- el número de repeticiones;
- el tiempo bajo tensión.
Utilizar siempre cargas ligeras no garantiza seguridad. Una carga demasiado baja puede no generar ninguna adaptación.
El objetivo es encontrar una resistencia exigente que la persona pueda controlar y que trabaje el objetivo que queremos.
Adaptar la velocidad
La velocidad cambia la dificultad y el tipo de estímulo.
Podemos pedir que la persona realice el movimiento:
- más lentamente para aumentar el control;
- con pausas;
- a velocidad constante;
- de forma más rápida;
- reaccionando ante una señal;
- alternando velocidades.
Cuando el objetivo y la capacidad lo permiten, también podemos entrenar acciones rápidas y potencia. La discapacidad no implica que todo deba realizarse lentamente. De hecho, al trabajar fuerza, conviene trabajar, de manera general a la máxima velocidad que pueda mover la carga esa persona.
Adaptar el volumen y los descansos
La dosis incluye más que la carga. Los descansos es una de las cosas que más debemos modificar, ya que hay algunas discapacidades que necesitan más descanso que otras, por la afectación del sistema nervioso y el exceso de fatiga general.
Debemos modificar:
- número de series;
- repeticiones;
- duración;
- frecuencia;
- tiempo de recuperación;
- distribución de los ejercicios;
- esfuerzo acumulado.
Una persona puede realizar correctamente un ejercicio y necesitar más descanso entre series. Otra puede tolerar bien descansos breves o un trabajo por intervalos.
La dosis debe individualizarse a partir de la respuesta al entrenamiento.
Cómo podemos adaptar un ejercicio de fuerza
Imaginemos un ejercicio de remo.
Si la persona tiene dificultad para permanecer de pie, puede realizarlo sentada. Si no puede sujetar el agarre, podemos utilizar un guante específico. Si tiene poco control del tronco, podemos añadir un apoyo delantero.
También ajustaremos la carga, las repeticiones y los descansos.
El objetivo continúa siendo entrenar la musculatura de tracción. Hemos cambiado el acceso al ejercicio, no su finalidad.
Y algo importante, debido al gran número de lesiones de hombro que tienen las personas que se desplazan en silla o muletas, trataremos siempre de conseguir el máximo resultado con el menor peso.
Puedes consultar otros ejemplos de ejercicios de fuerza para personas con paraplejia.
Adaptar no es ayudar constantemente
La asistencia puede ser necesaria para iniciar o completar una tarea. Sin embargo, proporcionar más ayuda de la necesaria reduce la participación de la persona.
La ayuda debe permitir que la persona haga todo lo que pueda por sí misma.
Cuando mejore el control, debemos reducir progresivamente la asistencia, los apoyos o las indicaciones.
Debemos habilitar el espacio de entrenamiento para que la persona sea lo más autónoma posible.
Adaptar no es hacer siempre ejercicios diferentes
No necesitamos inventar ejercicios especiales constantemente.
Sentadillas, empujes, tracciones, desplazamientos, lanzamientos y ejercicios cardiovasculares pueden adaptarse modificando sus componentes.
La creatividad es útil, pero debe estar al servicio del objetivo. Una tarea muy llamativa no es necesariamente una buena decisión de entrenamiento.
Después de adaptar, hay que progresar
La adaptación inicial no debe convertirse en una situación permanente si la persona mejora. Se trata de elevar el nivel de condición física de la persona. Como cualquier persona que va al gimnasio.
La progresión debe responder a la evolución de la persona y mantener el objetivo del entrenamiento.
Errores frecuentes al adaptar ejercicios
Adaptar a partir del diagnóstico
El diagnóstico aporta información, pero no describe por completo las capacidades de la persona.
Eliminar toda dificultad
Si la adaptación elimina el esfuerzo, el ejercicio deja de cumplir su objetivo.
Utilizar siempre cargas bajas
La carga debe individualizarse, no reducirse automáticamente.
Proporcionar demasiada ayuda
La asistencia excesiva puede disminuir la participación y la autonomía.
Mantener siempre la misma adaptación
Cuando la persona progresa, la tarea también debe evolucionar.
Copiar adaptaciones de otras personas
Una modificación útil para alguien puede no ser adecuada para otra persona con el mismo diagnóstico.
Ejemplos de ejercicios y situaciones específicas
Puedes ampliar la información en estos contenidos:
- Ejercicios para personas con discapacidad.
- Ejercicio y lesión medular.
- Ejercicios después de un ictus.
- Ejercicio y parálisis cerebral.
- Ejercicios de core para personas con lesión medular.
¿Eres profesional del ejercicio?
Adaptar con criterio exige comprender qué estamos entrenando, qué limita la ejecución y cómo debe progresar la tarea.
En nuestra formación de Especialista en Ejercicio para Personas con Discapacidad aprenderás a valorar, adaptar, dosificar y programar el entrenamiento en situaciones reales.