Ejercicio después de un ictus: fuerza, marcha, equilibrio y cardio

Después de un ictus pueden verse afectadas la fuerza, la movilidad, el equilibrio, la coordinación, la marcha y la capacidad cardiovascular.

Las consecuencias son diferentes en cada persona. Por eso, el diagnóstico de ictus no nos indica por sí solo qué ejercicios debemos seleccionar ni qué intensidad utilizar.

Una vez superada la fase aguda, cuando la persona esté médicamente estable, el ejercicio físico debe formar parte de la recuperación, mantenimiento y mejora de sus capacidades.

El proceso debe seguir siempre el mismo orden:

Valorar. Adaptar. Progresar.

Rehabilitación y entrenamiento después de un ictus

La rehabilitación y el entrenamiento físico pueden formar parte de etapas diferentes y complementarias.

Durante la rehabilitación, los profesionales sanitarios trabajan sobre las alteraciones y necesidades clínicas derivadas del ictus.

Cuando la persona está preparada para continuar o comenzar un programa de ejercicio, el entrenamiento permite desarrollar capacidades físicas mediante estímulos planificados y progresivos.

La transición debe coordinarse y tienes etapas en las que se solapan. El profesional del ejercicio necesita conocer las recomendaciones, adaptaciones y precauciones indicadas por el equipo sanitario.

¿Qué debemos valorar?

Antes de elegir ejercicios debemos conocer:

  • movilidad;
  • fuerza;
  • equilibrio;
  • coordinación;
  • capacidad para caminar;
  • autonomía;
  • capacidad cardiovascular;
  • dolor;
  • resistencia muscular;
  • capacidad para comprender instrucciones;
  • necesidades de comunicación;
  • objetivos y experiencia previa.

También debemos observar las posibles diferencias entre ambos lados del cuerpo y cómo afectan a la ejecución de cada tarea.

La valoración nos permite seleccionar ejercicios útiles y medir la evolución.

Entrenamiento de fuerza después de un ictus

La fuerza puede trabajarse mediante ejercicios progresivos y adaptados a la capacidad de la persona. Lógicamente dependerá de la afectación de la persona, pero como principales aspectos a trabajar suele ser la mejora en la marcha en caso de verse afectada, los desequilibrios entre el lado afectado y el no afectado, el trabajo cardiovascular, y otras capacidades específicas d ecada persona.

La diferencia de fuerza entre ambos lados no significa que debamos evitar el entrenamiento. Debemos adaptar la posición, el agarre, el rango y la carga.

Cuando una extremidad tiene más dificultades, podemos proporcionar apoyo o asistencia sin impedir que participe en el movimiento.

Marcha y desplazamientos

La marcha puede verse afectada por cambios en la fuerza, el equilibrio, la coordinación, la movilidad o el control del tronco.

El trabajo debe ser variado y distinto para cada persona, ya que las afectaciones serán diferentes, tanto a nivel motor como sensitivo. Debemos incluir tareas que le mejoren su actividad en el día a día. La mejora en su autonomía e independencia serán claves para su recuperación física y psicológica.

La dificultad debe ajustarse al nivel de la persona y al riesgo de caída.

Consulta nuestro contenido específico sobre marcha y equilibrio después de un ictus.

Equilibrio y control postural

El equilibrio no se entrena permaneciendo de pie sobre una superficie inestable. Piensa que el suelo por el que caminamos es estable, así que olvídate de todos esos trabajos que ves en instagram muy bonitos pero poco efectivos. Lo trabajaremos unido a la marcha y posiciones estáticas, ya que hay que hacerlo por separado, ya que no correlaciona uno con otro.

Usaremos gran variedad de ejercicios y estímulos distintos, como pueden ser cambios de peso, alcances en varias direcciones, transferencias, escalera y steps, cambios de dirección, deceleraciones, etc.

Las descompensaciones hacen que la postura se vea afectada y será otra de las partes importantes a trabajar cuando la afectación sea elevada, ya que a la larga, esos desequilibrios musculares pueden traer dolores en espalda y otras zonas no afectadas por el accidente cerebro vascular.

El nivel de ayuda debe permitir que la persona participe activamente sin asumir un riesgo innecesario.

Coordinación y toma de decisiones

Después de un ictus pueden utilizarse tareas que combinen movimiento, coordinación y respuesta ante estímulos.

El entrenamiento de neuroplasticidad cobra un papel muy importante en la creación de nuevas vías de comunicación. Combinaremos trabajos coordinativos con pelotas, juegos, memoria, desplazamientos y otros, con trabajos cardiovasculares a distintas intensidades. La combinación exacta de estos dos trabajos, favorecerá que se puedan crear nuevas conexiones nerviosas.

La dificultad puede modificarse reduciendo el número de opciones, aumentando el tiempo de respuesta o simplificando la secuencia.

Cuando existe una afectación cognitiva o de comunicación, las instrucciones deben adaptarse.

Entrenamiento cardiovascular

La capacidad cardiovascular debe trabajarse desde el principio, ya en la fase aguda. Una mala condición cardiovascular favorece que podamos tener una recaída, así que será clave que la persona aumente su nivel de base. Las persona que han tenido un ictus suelen tener unos valores cardiovasculares muy bajos.

Habrá que elegir muy bien los ergómetros o como lo hacemos, ya que según las afectaciones puede ser que una bicicleta no sea la máquina ideal, o no lo sea el remo, o el skierg, dependerá de cada caso.

Como hemos comentado, deberemos combinar trabajos de media y alta intensidad principalmente.

La intensidad, la duración y los descansos deben individualizarse.

Podemos controlar la respuesta mediante la percepción subjetiva del esfuerzo, la tolerancia a la tarea, aunque debemos saber que la medicación afectará a lo que enseñan en las escuelas sobre frecuencia cardíaca.

Movilidad

El trabajo de movilidad es importante ya que suele haber una parte afectada, que podremos mejorar o no, pero muchas veces, esa inmovilidad en una zona, hace que las zonas adyacentes, que no han tenido ninguna lesión, vayan perdiendo movilidad. Además, otras zonas que no han tenido lesión van a sobrecargarse de trabajo, afectando también a su movilidad. La podremos trabajar con:

  • movimientos activos;
  • movimientos asistidos;
  • liberación miofascial
  • con ayuda de material (picas, gomas, etc.)
  • combinando movilidad y fuerza

No debemos forzar una articulación sin conocer sus limitaciones, especialmente cuando existe dolor o alteración de la sensibilidad.

¿Se pueden hacer ejercicios en casa?

Algunos ejercicios pueden realizarse en casa, pero una guía general no puede sustituir una valoración ni una programación individualizada. Es importante que estén guiados por algún profesional especialista y que los hagamos tras una valoración específica.

Antes de entrenar de forma autónoma debemos saber:

  • qué ejercicios son adecuados;
  • qué nivel de ayuda se necesita;
  • qué riesgo de caída existe;
  • qué intensidad utilizar;
  • cómo controlar la fatiga;
  • cuándo detener el ejercicio;
  • cómo progresar.

La persona debe contar con instrucciones claras y algo muy imprtante, la seguridad a la hora d ehacer los ejercicios es mayor que en otras personas, por la falta de equilibrio.

Cómo adaptar los ejercicios

Además de las típicas adaptaciones que debemos hacer como puede ser la posición, la estabilidad de la persona, los apoyos, os agarres, cargas, etc., en este caso muchas veces deberemos modificar ejercicios enfocados a corregir las descompensaciones que nos produce el lado afecto y pensando en un futuro. Trata de equilibrar y mejorar todo lo que podamos esos desajustes. Es decir, que la propia rutina de entrenamiento, esté adaptada a eso.

La adaptación debe facilitar la participación sin eliminar completamente el estímulo.

Consulta nuestra guía sobre cómo adaptar ejercicios para personas con discapacidad.

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Incluye ejemplos realizados por personas que han sufrido un accidente cerebrovascular.

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